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Características socio-demográficas
 
Características socio-demográficas

Lo que sigue a continuación presenta las características socio-demográficas de las mujeres encuestadas. La muestra estuvo conformada por un total de 465 mujeres de 15 años o más con diagnóstico de VIH en enero de 2009 o posterior; el 70 por ciento se atiende en el sistema público de salud (para ver el Cuadro 3.1 hacer clic aqui).
El rango de edad de las entrevistadas varió entre 17 y 70 años. Si bien el marco muestral contemplaba entrevistar a mujeres desde los 15 años, se detectaron algunas dificultades para realizar entrevistas entre las pocas adolescentes de 15 o 16 años que fueron contactadas, ya que estaban bajo tutela judicial. En edad adolescente, no obstante, se entrevistó un total de 16 mujeres entre 17 y 19 años, que representa un 3,4 por ciento de la muestra. La mayor concentración de mujeres entrevistadas tienen entre 25 y 39 años, franja de edad que representa el 51 por ciento.
No se establecieron a priori límites máximos de edad de las mujeres para ser incluidas en la muestra, y se realizaron dos encuestas a mujeres mayores de 60 años. Si se consideran a las mujeres de 55 años o más, se entrevistaron un total de 11 mujeres, que representan un 2,4 por ciento de la muestra.
El promedio de edad es de 34,5 años, el cual es cercano al promedio de edad de notificaciones entre las mujeres a nivel nacional posteriores a 2009, que ronda los 33 años (Ministerio de Salud 2011). La diferencia responde al hecho de que el universo de la EMDR corresponde a mujeres mayores de 15 años (y, como se señaló previamente, las de menor edad efectivamente encuestadas tienen 17 años), mientras que las notificaciones incluyen casos de sexo femenino de todas las edades, por lo que es esperable que el promedio de edad de la presente muestra sea algo mayor que en el universo de las notificaciones.
La mayoría de las encuestadas son nacidas en el país (93%), y el 7 por ciento restantes oriundas de países limítrofes como Paraguay, Uruguay, y de Perú. El 70 por ciento de las mujeres ha alcanzado como máximo aprobar algunos años del ciclo medio, cifra semejante al 63 por ciento observado entre las mujeres recientemente diagnosticadas a nivel nacional (Ministerio de Salud, 2011).
En cuanto a la situación conyugal, el 38 por ciento está unida, y un 10 por ciento casada. El resto, son mayormente solteras (28%), seguidas por separadas y divorciadas (17%) y viudas (6,5%). El 75 por ciento tiene hijos/as.
Alrededor del 11 por ciento vive sola, el resto vive mayoritariamente con su pareja y/o con sus hijos. Arreglos familiares que incluyan a los progenitores tienen baja incidencia. En promedio, las encuestadas viven en hogares con 3,84 miembros, y son en proporciones iguales ellas o su pareja la principal proveedora económica de su hogar.
La mayoría de las encuestadas vive en casas o departamentos (78%), si bien una proporción no desdeñable lo hace en casillas o ranchos (14%). Algo más de la mitad es propietaria de la vivienda (54%), mientras que el resto la alquila (24%) o se la han prestado (17,6%).
Además del tipo de vivienda, otro indicador relevante a la calidad de vida de las mujeres viviendo con VIH es la condición de hacinamiento de sus hogares. Algo más de la mitad de las mujeres reside en hogares hacinados: 22 por ciento con hacinamiento crítico (es decir, tres o más miembros por ambiente del hogar) y 30 por ciento adicional con hacinamiento moderado (es decir, en promedio entre 2 y 3 miembros por ambiente del hogar).
Menos de la mitad de las mujeres trabaja (46%), y la mayoría de ellas en trabajos precarios que carecen de cobertura y beneficios sociales (70%). El 70 por ciento carece de cobertura en salud, más allá de la atención pública. Sólo el 23 por ciento tiene obra social (a través de su propio empleo, o a través de su cónyuge o algún familiar), y una pequeña proporción dispone de un servicio de emergencia o de una cobertura privada.


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El 45 por ciento de las mujeres no recibe ningún subsidio o plan social. Entre quienes sí reciben alguno, la Asignación Universal por Hijo/a es mayoritaria. El 15 por ciento declaró recibir una pensión no contributiva por vivir con VIH.
La situación de vulnerabilidad social y de precariedad que enfrentan cotidianamente la mayoría de las mujeres viviendo con VIH se evidencia en sus respuestas vinculadas con la frecuencia con la que en sus hogares escasean los alimentos necesarios. El 28 por ciento indicó que la falta de dinero para la compra de alimentos es una preocupación permanente en sus respectivos hogares, mientras que el 49 por ciento respondió que eso les suele ocurrir, aunque no siempre. En contraposición, sólo una de cada cuatro mujeres viviendo con VIH reside en hogares donde disponen de los recursos necesarios para afrontar los gastos familiares de alimentación. Recuérdese que la inmensa mayoría de las mujeres encuestadas se atiende en el sistema pública, dada la modalidad de recolección de datos del estudio, y por ende hay un sesgo que reduce el peso de las mujeres de clases media-alta y alta.
Las características básicas de la muestra de mujeres entrevistadas para el componente cualitativo se sintetizan en el Cuadro 3.2. Los nombres de las mujeres entrevistadas han sido cambiados para preservar la confidencialidad de los datos; también se modificaron los nombres de cualquier otra persona (pareja, hijos) que hayan sido mencionados en los fragmentos de entrevista transcriptos.


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La inclusión en el estudio de un módulo cualitativo, simultáneo al módulo cuantitativo, permitió profundizar sobre los modos en que actualmente circula la epidemia, así como en algunas historias particulares. Las entrevistas con mujeres recientemente diagnosticadas con VIH informan sobre las condiciones de vulnerabilidad compleja que acompañan a muchas mujeres y que aportan pistas sobre su infección y sobre sus dificultades específicas, aunque también sobre sus fortalezas y recursos.
Fueron entrevistadas 31 mujeres de diversas edades: la menor tiene 20 años y la mayor tiene 62 años; la mayoría vive en el Área Metropolitana de Buenos Aires (Ciudad de Buenos Aires y Conurbano), y el resto reside en otras ciudades de la Provincia de Buenos Aires, Córdoba, Salta y San Miguel de Tucumán; son todas heterosexuales, con diferentes situaciones conyugales: solteras, casadas o unidas, separadas con novio, y viudas. La mayoría (26 casos) tiene hijos/as. La situación laboral de estas mujeres es en general precaria: solamente la mitad trabaja y de éstas, apenas unas pocas tienen un trabajo en blanco. Menos de la mitad recibe algún tipo de subsidio o plan social; la Asignación Universal por Hijo/a es mayoritaria. Se registraron problemas “prácticos” para otro tipo de apoyos: entre las pocas entrevistadas que refirieron tener pases de transporte (por discapacidad), varias relataron problemas al presentar el pase, con choferes o compañías que les plantearon que ellas no tenían ninguna discapacidad “visible” y por lo tanto, no las dejaron usufructuarlo.

He llegado a tener que mostrarle el pase a choferes y que el chofer me diga: “¿Y por qué tenés vos esto? ¿Por qué sos discapacitada?” […] Le digo, “Esa ordenanza figura ahí, es para las personas que viven con HIV y que son incapacitadas, no discapacitadas y no te da derecho a discriminar”. Y he tenido que bajarme del colectivo porque no me lo dejan pasar […] Porque según ellos yo no soy discapacitada, yo soy una persona sana a simple vista, y cuando lo leen: “No, no voy a permitir que suba a mi colectivo”. Es como que la falta de información y discriminación que hay en este país es impresionante. (Carmen, 32 años, Córdoba).

En términos de trayectoria educativa la muestra del componente cualitativo también es heterogénea: fueron entrevistadas mujeres que no han completado la primaria, muchas que llegaron a cursar algún año del secundario, otras que comenzaron y dejaron, o todavía estudian en la universidad, o tienen un título de educación superior. En las entrevistas, no se encontraron casos de mujeres que hayan interrumpido sus estudios a partir del diagnóstico.
Quienes tienen hijos/as, generalmente viven con ellos. Sólo una entrevistada refirió que, ante lo reciente del diagnóstico y sin saber cómo encararía su vida de ahora en adelante, dejó a sus hijos al cuidado de los abuelos. Algunas viven con sus parejas y otras con otros familiares – incluyendo sus progenitores. Se reiteran también situaciones de hacinamiento que se traducen en dimensiones de la vulnerabilidad. A partir de las entrevistas es posible reconstruir ciertas escenas (sociales, sexuales, cotidianas) donde la falta de intimidad, la dependencia de otros/as para garantizarse un techo y otros asuntos vinculados al hábitat, hacen al contexto de producción de la transmisión del VIH a mujeres pobres en la Argentina y traen algunas dificultades específicas que afrontan estas mujeres recientemente diagnosticadas. Finalmente, de modo similar a la muestra del módulo cuantitativo, son una minoría aquellas mujeres entrevistadas que viven solas.
También fueron entrevistados doce varones, parejas actuales de mujeres viviendo con VIH diagnosticadas del 1ro de enero de 2009 en adelante. Se los incluyó con el fin de detectar algunas pistas analíticas, sobre todo para desarrollar en futuras investigaciones. Cuatro casos no pudieron ser incluidos en el análisis por problemas relativos al trabajo de campo.


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Solo uno de los varones entrevistados (en calidad de pareja de una mujer con diagnóstico reciente) no vive con VIH. Las edades oscilan entre los dieciocho y los cincuenta años, y viven en distintas localidades del país. Todos ya estaban en pareja con las mujeres que hoy viven con VIH al momento del diagnóstico de las mismas. Se trata de relaciones estables y duraderas (entre tres y nueve años de relación, al momento de la entrevista). Solo uno de los entrevistados está actualmente separado de una mujer que fue diagnosticada en noviembre de 2009.
En la mayoría de los casos, sus parejas mujeres han recibido el diagnóstico al momento del parto o durante un embarazo. Ello lleva a que, más temprano que tarde, los varones también se testeen y reciban un diagnóstico también positivo. En otros dos casos, las mujeres se han realizado el testeo por otras razones. Solo en un caso fue el varón quien primero recibió el diagnóstico, al momento de internarse por diferentes síntomas.
Dos varones afirmaron saber previamente su estatus serológico. En ambos casos, no se lo habían comunicado a sus parejas. Algunos refieren haber transmitido ellos el virus a sus parejas, mientras que en otros casos aducen otras razones (como una transfusión), creen que han sido sus parejas mujeres quienes se lo han transmitido a ellos o, directamente no saben o no quieren hablar de la cuestión. Al momento de interrogar cómo creen ellos que han contraído el virus, las respuestas también varían: además de los que consideran haber contraído el virus con sus parejas estables, algunos creen que lo hicieron en el marco de relaciones ocasionales (con mujeres y/o con varones). En un caso, nació con VIH.
En sus relaciones sexuales actuales utilizan preservativo. Aun cuando sus parejas utilicen otros métodos anticonceptivos de uso regular (como el DIU), no puedan quedar embarazadas o en los casos que se han realizado ligadura tubaria, el preservativo aparece como el único método eficaz para prevenir reinfecciones, o transmisión a otras parejas.
En los relatos de los entrevistados son frecuentes las alusiones a varias circunstancias que conforman un marco de vulnerabilidad compleja: se reitera el abuso de alcohol y drogas (especialmente, cocaína). Varios entrevistados refirieron haber sido violentos físicamente con algunas de sus parejas (si bien todos afirmaron no hacerlo en la actualidad) y se reiteran situaciones pasadas de “descontrol”, con mucha rotación de parejas sexuales y, en algunos casos, consumo de prostitución. En dos casos, refirieron haber estado privados de libertad alguna vez.
Las secciones que se desarrollan a continuación siguen las del cuestionario de la encuesta. El primer bloque, correspondiente al diagnóstico y la atención, describe y analiza los contextos y características del diagnóstico, los aspectos ligados a la salud y a la enfermedad, la atención recibida y otros aspectos relativos a este proceso y a la relación entre la mujer viviendo con VIH y los profesionales y servicios de salud. El segundo bloque apunta a conocer mejor el proceso y el contexto de la infección por el VIH: su temporalidad, sus circunstancias, la vía de transmisión, y también la “producción social” de la vulnerabilidad femenina ante el VIH; ello implica hacer un análisis sincrónico de la escena y del momento (real, hipotético) de la infección como también un análisis retrospectivo de la trayectoria de la mujer previa al diagnóstico, y que pudiera aportar elementos para explicar la infección por VIH. Finalmente, el tercer bloque describe la situación actual de las mujeres con diagnóstico VIH positivo reciente, en cuanto a su vida cotidiana conyugal y sexual, con sus hijos y su maternidad, con su trabajo y otras vicisitudes de una mujer con VIH hoy en la Argentina. Cada bloque presenta los principales resultados cuantitativos de la investigación, matizados y/o especificados con los aportes del componente cualitativo.